Saber por donde van a ir los tiros en la nueva economía post-covid empieza a ser un nuevo cometido. Lo de la nueva economía creo que ya pocos lo discuten. Aventurarse a adivinar estas cosas desde el punto de vista bursátil se hace bastante difícil.
El cambio de modelo productivo a nivel global ya se ha iniciado, eso dicen los datos. El acelerón digital fruto de esta pandemia ha infundido nuevos hábitos de consumo que ya venían dándose. Por ir al grano, digamos que la banca, el ocio como lo entendemos y su implicación en hoteles, bares, restaurantes y aerolíneas y el sector automovilístico serían las top 3. Sólo estas tres acaparan un gran porcentaje del PIB mundial y de puestos de trabajo. Por tanto, permítanme si estas no las considero tendencias a medio y largo plazo.
No es osado decir que ese monte ya está muy trigado. Pero hay un sector aún más importante que todos estos que viene regando la sociedades de nuestro tiempo; el petróleo. Descártenlo a largo plazo. Y no porque los Rockefeller ya no confíen en el oro negro, ni tampoco Warren Buffett en otros de los sectores nombrados, sino porque es una evidencia casi científica como lo viene siendo el cambio climático y la digitalización, y por ahí van los tiros.
La gran industria viene desacelerándose a un ritmo imparable como lo fue Detroit. El problema evidente es la pérdida de puestos de trabajo, empresas en quiebra, la liquidación de activos y la intervención estatal en muchas de ellas con dinero público si lo hubiera, y no hablo de España, hablo de un modelo productivo general que ya ha iniciado su desescalada particular en un laberinto recesivo en el que los efectos estructurales se empiezan a ver.
El reseteo mundial en el PIB está siendo notorio y no es por los efectos del Covid-19, ese ha sido el acelerante. Se añade un problema gigantesco del que nadie ya habla y es la deuda corporativa que ya ha infectado a todos los sectores que nadie podrá pagar aún más si cabe por los bajos tipos de interés. El BCE y la Fed no pueden eternamente anestesiar al enfermo de forma constante y lo saben, pero de momento no saben como parar la fiesta. La explicación más sencilla a todo esto es que no podíamos seguir creciendo un 3% eternamente.
Desde hace un par de décadas ya se sabía pero hemos inyectado morfina al paciente hasta que viniera una nueva revolución industrial y el daño del trasbordo a esa nueva economía fuera menos doloroso que el frenazo sin más a verlas venir. Pues bien, ya estamos cambiando de vía, de corriente, de ritmo y la bolsa como siempre es el notario de los acontecimientos. No se equivoquen.