Desde que Boris Johnson asegurase la pasada semana que prefería la muerte a pedir un nuevo retraso del Brexit más allá del 31 de octubre, en una especie de todo o nada o suicidio asistido, la libra ha resurgido de sus cenizas cuál AveFénix. Venía sufriendo, agonizante, de perder incluso los 1,20 dólares por primera vez desde enero de 2017 y tocar niveles no vistos desde 1985 hace dos semanas, después del anuncio del primer ministro británico de suspender el parlamento a partir de esta semana para frenar los esfuerzos de la oposición de frenar un Brexit duro. Una extravagante estrategia para dilapidar la democracia. La volatilidad del cruce de la libra frente al dólar a 3 meses se disparó entonces a niveles no vistos desde el referéndum de 2016, lo que implica, para que se hagan una idea, que el mercado otorga la posibilidad de que la divisa británica sufra oscilaciones violentas intradía más severas que divisas emergentes mucho más volátiles y acostumbradas a estos movimientos como el peso mexicano, el argentino o el real brasileño. No al nivel del desplome sufrido tras la votación del Brexit pero casi.
Pero la oposición no ha claudicado al farol de Johnson, no se lo ha creído, y se ha movilizado rápido desde el primer día para tratar de evitar un escenario de salida sin acuerdo, o Brexit duro, del que el primer ministro siempre ha sido el máximo defensor. Primero consiguieron aprobar por la vía rápida la ley necesaria para forzar al gobierno a pedir un nuevo retraso si el 31 de octubre no hay acuerdo, y ahora manejan incluso la opción de plantear un “impeachment” para forzar su destitución si Johnson cumple su amenaza de no ceñirse a dicho mandato legal. Sería absolutamente insólito en la historia de uno de los precursores de la democracia parlamentaria. Un escenario que ha devuelto la volatilidad del cruce a niveles normales y devuelto un buen panorama para la divisa británica que poco a poco parece querer recuperar niveles importantes que había cedido.
Poco parecen importarle las dimisiones, entre ellas la de su propio hermano (la cena de navidad de los Johnson este año se presume tensa), o la amenaza incluso de posible pena de cárcel por saltarse una ley. Boris Johnson sigue insistiendo erre que erre en que saldrá de la UE el 31 de octubre sea con o sin acuerdo debajo del brazo y se agarra a que la oposición acepte su propuesta de adelanto electoral para evitar el bochorno. Abróchense el cinturón porque los baches pueden volver, y la volatilidad para la libra también.