El primer ministro español Rajoy merece considerable crédito por su postura desafiante contra los halcones fiscales europeos. Después de que España registrara un déficit presupuestario peor de lo esperado el año pasado del 8,5% del PIB, Bruselas se había negado a aprobar cualquier ajuste a la meta del 4,4% que había establecido para el año en curso, a pesar de varios intentos por parte del nuevo gobierno español para conseguir que la Unión Europea lo reconsidere. En respuesta, Rajoy anunció en su lugar en la reciente Cumbre de la UE su propio objetivo de déficit para 2012 del 5,8% del PIB, sigue un orden muy alto con la economía en recesión y un desempleo del 23%. Curiosamente, la respuesta en su casa a la resistencia de Rajoy ha sido de un apoyo increíble.
Al mismo tiempo, el motín abierto de España en temas fiscales de Europa corre el riesgo de un perjuicio grave para el recién firmado tratado fiscal antes de la tinta haya tenido la oportunidad de secarse. La Comisión ha comprometido examinar el caso de España, muy de cerca por lo que tendrá que andar con mucho cuidado. El gobierno de Rajoy ha perseguido agresivamente tanto la austeridad fiscal como la reforma estructural a pesar de un entorno de gran desafío político y financiero. Él necesita el apoyo de Europa y no su intransigencia. La ortodoxia fiscal ha sido, sin duda necesaria en Europa, pero siempre debe aplicarse con cuidado o de lo contrario corre el riesgo de provocar una caída mortal.