Pasaron 3 horas de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, y muchos se apuran de buscar un cambio de era en el mundo.
La reacción de los mercados bursátiles ha sido la esperada ante esta circunstancia: una baja de proporciones en las bolsas asiáticas, y en los futuros del índice Dow Jones, en todos los casos revertidas antes del inicio de la sesión americana del miércoles. Algo similar sucede con las plazas europeas, encabezadas por la de Frankfurt, cuyo índice principal, el DAX 30, abrió con un amplio gap bajista, ya cubierto.
En tanto, el dólar se muestra estable ante las monedas principales, luego de un fuerte vaivén que sufrió a medida que se fueron conociendo los resultados de las elecciones. Así, mientras el yen creció muy fuerte ante la baja del Nikkei 225 de Tokio, el euro rozó 1,13, y la libra Esterlina creció hasta unos puntos más allá del gap que había dejado en la sesión asiática del lunes.
En tanto, el dólar australiano sufrió una fuerte baja, de la cual se recupera en estos momentos; la onza de oro, por su parte, se fortalece ante la búsqueda de refugio de los inversores.
Qué puede pasar con este nuevo escenario? Esencialmente nada extraño en el corto plazo, porque no hay que soslayar que Trump asumirá en enero de 2017. Antes, tenemos la última reunión de política monetaria de la Fed, en la cual probablemente haya un aumento de tipos de interés, postergado durante todo el año. La Fed ya no tiene la presión de influir en las elecciones, y claramente, un aumento de tipos en septiembre o en noviembre hubiera generado una reacción similar a la que se vio esta mañana.
En el mediano plazo, y aún cuando Trump no ha hecho más que contar en sus mitines cuales son sus planes, el dólar debería fortalecerse. Si sus promesas de cerrar la economía estadounidense, y hacerla mucho más proteccionista se cumplen, el crecimiento será enorme, y la inflación no tardará en llegar. En dicho caso, la Fed deberá aumentar la tasa de interés en varios puntos, lo que generará no solo un aumento del dólar, sino también una caída en los precios de las materias primas, con la consiguiente devaluación de las monedas de los países emergentes.
Tampoco China saldría bien parada. El gigante asiático financia el déficit comercial de Estados Unidos a cambio de fabricar lo que la primera economía del mundo le envía en forma de licencias. Si Trump decide comenzar a fabricar de nuevo en su país, China entrará en crisis, pero a su vez dejará de financiar a Estados Unidos. A su vez, un dólar muy fuerte haría que las exportaciones norteamericanas se compliquen. El viejo cuento de la manta corta.
De todas formas, hay dos cuestiones a tener en cuenta: la primera es que una cosa es mostrarse como lo hizo Trump durante la campaña, con bravatas, provocaciones, y sobradas muestras de soberbia y mala educación; otra es sentarse en el Salón Oval y decidir.
La segunda cuestión es que todo lo que estamos hablando es potencial, y en cualquier caso pasarán largos meses para que se vean cambios importantes, si es que estos se producen.
Entonces, si la operatoria en los mercados es a menudo por minutos, o intra diaria, o a lo sumo a un plazo que no excede algunos días, es necesario pensar que se cae el mundo porque cambia el gobierno de Estados Unidos? No hay que exagerar. Nada ha pasado, y probablemente tampoco pase durante mucho tiempo.
Si no me cree, mire lo que pasó con el Brexit. Tal vez quede en la nada, algo sobre lo cual también hicimos mucho hincapié a fines de junio.
En cualquier caso, lo que hay que hacer es trabajar como todos los días, buscando oportunidades de corto plazo, y nada más. Verá como lo que parece tan complejo no lo es tanto. No compliquemos lo que es sencillo. No fácil, pero sí sencillo.