Rocío Otoya
Sídney (Australia), 10 feb (EFE).- El líder mundial del motor, Toyota, anunció hoy que dejará de producir vehículos en Australia a partir de 2017, lo que supondrá la salida del último gran fabricante automotriz del país austral y la pérdida de miles de empleos.
Los motivos detrás de la "dolorosa" decisión son "el mercado extremadamente competitivo y la fortaleza del dólar australiano, a lo que se suma las previsiones de la reducción de la escala de producción en Australia", explicó en un comunicado el presidente de la empresa, Akio Toyoda.
Estas razones de Toyota son muy similares a las que dieron el año pasado los fabricantes estadounidenses Ford y General Motors cuando anunciaron el cese de su producción en el país oceánico en 2016 y 2017, respectivamente, con la correspondiente pérdida de 4.200 empleos directos.
Con su decisión, Toyota, que se instaló en Australia en 1963, dejará en la calle a unas 2.500 personas que emplea directamente, pero la decisión también repercute a otros negocios, como el de las partes automotrices que abastecen a las fábricas.
El John Spoehr, analista de la Universidad de Adelaida, afirmó que el cese de la producción de vehículos de las grandes marcas pueden provocar la pérdida de 100.000 empleos indirectos, según el diario "The Australian Financial Review".
Por su parte, el secretario de la central sindical de Australia, Dave Oliver, calcula que el fin de la industria automotriz supondrá la pérdida de 50.000 empleos directos y unos 18.740 millones de dólares (13.757 millones de euros), informó la agencia local AAP.
Bill Scales, antiguo presidente de la Autoridad de la Industria Automotriz, consideró que el cese de la producción de las grandes marcas de coches en Australia supondrá la pérdida de 25.000 puestos de trabajo de los 13 millones de personas empleadas a nivel nacional.
"No es un gran número, creo que se sobrestima de algún modo", comentó Scales en declaraciones citadas por "The Australian Financial Review", en las que además mencionó la posibilidad de que los precios de los coches importados disminuyan significativamente.
Pero para el líder opositor, Bill Shorten, "se trata de una catástrofe económica con un terrible coste humano", mientras que el representante del Sindicato Australiano de Trabajadores Manufactureros, Dave Smith, advirtió de "una potencial recesión en el litoral del sureste", donde operan Ford, General Motors y Toyota.
Cuando Holden, filial de General Motors, anunció en diciembre pasado que dejaría de producir en Australia, el primer ministro, el conservador Tony Abbott, aseguró que su Gobierno haría todo lo posible para que Toyota siga fabricando coches en su país.
A pesar de que varios sectores clamaron al Gobierno que ayude a mantener a flote la industria automotriz, Abbott rehusó entonces dar dinero extra para mantener las operaciones de Toyota, a lo que siguió un informe de la Comisión de Productividad que recomendada dejar de dar financiación a este sector.
Hoy Abbott admitió que no hay nada que pueda decir para mitigar el dolor de muchas personas afectadas por el anuncio de Toyota y añadió que "cuando algunos negocios cierran, otros abren y cuando algunos empleos terminan, otros empiezan".
Abbott, que asumió las riendas del Ejecutivo en septiembre pasado, afronta ahora la necesidad de poner en marcha un plan que permita el empleo de los trabajadores que perderán en otros sectores alternativos.
Desde la apertura de la primera planta de ensamblaje de Ford en 1925, hasta once grandes fabricantes de automóviles, incluidos Renault, Chrysler, Volswagen o Nissan, se instalaron en Australia hasta que la caída de ventas o los costes de producción ha provocado la salida paulatina de todas las grandes firmas.
Tomcar Australia, que produce desde 2012 todoterrenos no aptos para carreteras inspirados en vehículos del Ejército israelí, se puede convertir en el único fabricante automotriz en el país austral a partir de 2017. EFE
wat/grc/jlm