En Argentina están desapareciendo regulaciones comerciales e impositivas extraordinariamente distorsivas para los mercados agropecuarios. A partir del cambio de rumbo político, se abre entonces un panorama distinto, con nuevos componentes y perspectivas, que nos hacen preguntarnos si será posible rehabilitar al sector como un sistema integrado y exitoso a la hora de contribuir al crecimiento nacional.
El sistema agropecuario, que se desarrolló desde fines del siglo dieciocho hasta los primeros años del actual, ha transitado la mayoría de las situaciones esperables para un emprendimiento económico. Nació bien y se desarrolló con vocación exportadora, con reglas comerciales claras, con elementos de gran profesionalidad como los mercados a término, e integrando las distintas actividades en armonía con los factores de producción disponibles, creció sostenidamente durante años apoyado sobre la producción de carne vacuna y granos, sufrió luego con la caída de mercados internacionales por políticas de subsidios, barreras para-arancelarias y demás complicaciones, externas e internas, resistiendo sin embargo lo suficiente para reaccionar bien y rápidamente ante cada situación más o menos favorable.
Cabe entonces preguntarse si esta administración alumbrará el camino para llevar al sector-sistema a una nueva y reconfortante recuperación de su capacidad económica. Lo hecho hasta ahora parece indicar un buen inicio. Las medidas tomadas permiten pensar en una recuperación de dos de los cuatro principales cultivos: maíz y girasol, manteniendo un panorama medio para soja y no consiguiendo corregir demasiado el del trigo, que sigue siendo pobre.
El precio del gasoil es un adversario importante a encasillar, ya que afecta en forma directa a dos rubros de costos muy principales, más de la mitad del total, como son los trabajos agrícolas y los fletes, lo que afecta también la distribución espacial de la recuperación posible. Otra cantidad importante de elementos regulatorios sin sentido, como el registro fiscal de operadores de granos, los códigos de trazabilidad de granos, para productos que por estar tipificados no lo precisan, tasas de IVA asimétricas, con retenciones en origen y devoluciones de créditos fiscales casi imposibles, están esperando en la oscuridad y requieren que el “mesías” los ilumine y derogue.
La ganadería podría también por su parte recuperar algo de sensatez a partir de las medidas tomadas, luego de años de incentivar el consumo y desincentivar la producción (es sabido que una conocida marca de hamburguesas mandaba lomo a picar por no poder exportarlo) permitiendo integrar la faena entre consumo y exportación, con beneficios para ambos mercados, el cual continuará por años con una relación oferta-demanda interna muy ajustada.
Otro capítulo pendiente es el de la infraestructura, especialmente la de transporte, cuyo estado general es preocupante y contribuye a incrementar el “costo argentino” sobre un rubro de alta participación en el total y que requerirá grandes inversiones públicas y privadas, las cuales deberán ser aplicadas por la administración con sabiduría para que logren el efecto necesario.
Todo lo nombrado podría decirse que son correcciones de obstáculos gubernamentales que han afectado muy negativamente al sector en general. No podría decirse que sin beneficio para nadie, pero que nos han hecho perder una época de oro en los precios internacionales, haciendo que, por ejemplo, no sea conveniente mencionar en la casa de un tambero que la leche en polvo llegó en estos años perdidos a cinco mil dólares FOB la tonelada (el doble que el actual).
Los precios actuales en el mercado mundial lucen mal frente a los pasados, pero a nuestro juicio no son un obstáculo si se puede operar libres de todo este enjambre de impedimentos sin sentido, integrando actividades en rotaciones adecuadas para optimizar la asignación de recursos escasos y mantener y mejorar la sustentabilidad en el uso de los factores de producción, especialmente suelos y capital de trabajo.
Queda por solucionar problemas específicos de cada actividad, como el incremento de erosión, compactación y malezas en los suelos, producido por la falta de rotaciones entre ellas. La extensión de plagas como las palomas, que dominan en amplias zonas, falta de personal calificado y pérdida de vocación empresarial.
Podemos decir entonces que estamos entrando en un camino en el cual podríamos llegar a una fase de recuperación del sector y sus sistemas, que lo mostrado hasta ahora parece indicar que “el mesías” conoce el camino, y en cuanto el tiempo y las circunstancias lo permitan, terminará de llevarnos hasta allí, y que con un poco de esfuerzo más de su parte podremos ser francamente optimistas en lograrlo.