En mi artículo anterior exponía la situación de los últimos meses que a mi entender, explicaba el descenso de su cotización que hemos observado. Pero miremos al futuro (el pasado nos cuenta de dónde venimos, pero no sirve para mucho más si lo que queremos es evaluar la idoneidad de la inversión hoy).
Mapfre (MC:MAP) presenta un 30% de su negocio en Iberia donde mantiene una posición de liderazgo que resiste la aparición del low-cost, del negocio online, de la incertidumbre política… De hecho, 2018 promete cerrar un ejercicio muy interesante en este mercado en donde está aprovechando el crecimiento económico de la región para aumentar su facturación y rentabilidad.
En Latam, con Brasil a la cabeza (15% de su negocio), parece lógico pensar que las devaluaciones sufridas en 2018 no deberían volver a repetirse dado que los gobiernos pertinentes ya han adoptado las medidas de estabilidad para volver a una situación más “normal”, con lo que deberían dejarnos algo más tranquilos (al menos todo lo tranquilo que se pueda estar sobre una región eternamente emergente y muy sensible al desarrollo económico del mercado de EE.UU.).
Tanto en EE.UU. como en Brasil, Mapfre ha implantado estrategias de reestructuración, encaminadas a concentrarse en los segmentos de negocio y áreas geográficas donde se identifican más competitivos, donde han adaptado sus fortalezas y aumentado suficientemente el conocimiento de determinados segmentos del negocio. Los resultados de tales medidas empezarían a verse a comienzos de 2019 según han manifestado en sus conferencias con analistas y es un “upside” que desde luego deberíamos valorar.
Además, han acometido reorganizaciones internas para mejorar la operativa y los costes de estructura corporativos, para mandarnos el mensaje de que no van a dilapidar nuestro dinero y que mantienen una austeridad necesaria.
Estos tres argumentos deberían darnos cierta tranquilidad sobre la evolución futura del resultado técnico, del cual podríamos aventurarnos a pronosticar su crecimiento (es decir su descenso de magnitud negativa que ya de por sí se podría considerar hasta bueno o incluso llegar a ser positivo en un par de ejercicios).
Por otro lado, su negocio financiero, cuya solvencia queda demostrada por el histórico y el perfil inversor que presentan en su cartera, difícilmente pueda descender (dudo que los tipos puedan ser mucho más bajos ya, ¿no?) y solo parece tener recorrido al alza.
Para llegar a los 800 millones de beneficio neto que buscan parece difícil que lo consigan ya en 2019, pero no tanto que lo alcancen en 2020, siempre y cuando no nos vengan los cisnes negros de turno u otras convulsiones que continuamente ocupan las noticias económicas.
Sin embargo, el compromiso de la compañía y de su máximo accionista (la Fundación Mapfre) hacia su política de dividendos se ha mantenido. Me parece francamente extraordinario que desde el mismísimo 2008 en adelante (es decir durante una de las mayores crisis de la historia en el mundo financiero), Mapfre ha mantenido el dividendo de 0,13-0,15 euros en cada uno de los ejercicios (y van 10). Eso de por sí debería aportarnos mucha tranquilidad si nuestras expectativas a largo plazo no incluyen nuevas catástrofes financieras de esa magnitud.
La empresa ha mantenido y mantiene una deuda muy contenida (de hecho, en términos netos era casi nula en septiembre del 2018), y el nivel de caja suficiente para garantizar su liquidez y solvencia. No nos ha lanzado ninguna intención de endeudarse de forma notable para financiar sus proyectos de crecimiento.
En definitiva, una empresa sólida financieramente y con compromiso con el accionista que nos debería hacer considerarla como inversión al largo plazo a estos precios de 2,4-2,5.
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