No hay oferta que equilibre la demanda actual del petróleo
Dejamos atrás una semana donde las especiales condiciones de la coyuntura, protagonizada por el parón económico que ha provocado el coronavirus, y los desajustes de índole estructural (una oferta que no se adecúa a la demanda, unas reservas elevadas) han provocado el raro, pero histórico, derrumbe del precio del futuro del barril Texas, por debajo de cero.
Si bien el hecho entra dentro de la escala de “accidente”, dadas las particularidades del funcionamiento de liquidación de dicho futuro, alineadas con la situación actual, no deja de poner de relieve una cuestión muy importante: no hay oferta que equilibre una demanda mínima, con las principales economías, como están, a ritmo de ralentí.
El desconfinamiento, oxígeno para las economías
En líneas generales, este axioma vale para el conjunto económico. Por muchas medidas de apoyo fiscal y monetario, extremadamente necesarias y que sin duda habrá (esta semana se reúnen tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo, veremos si hay novedades), nada puede suplir a la actividad económica habitual. El mercado mira con avidez la evolución de contagios del Covid 19 y espera, con auténtica sed, el posible comienzo de la desescalada, en términos de confinamiento. Ello debe preceder a una normalización de la vida económica, que empieza a ser extremadamente urgente.
Porque por muy saneada que estén las cuentas de una empresa, no hay balance que aguante indefinidamente la falta de actividad. Cuanto más tiempo permanezca cerrada, más difícil será su vuelta a la normalidad, de la misma manera que ni siquiera un buzo profesional puede aguantar indefinidamente sin aire. Tarde o temprano, empezará a manifestar problemas por falta de oxígeno. Y el conjunto empresarial, salvo excepciones y aún con las ayudas mencionadas, no es un buceador profesional, sino una mezcolanza de gente normal…que no puede aguantar la respiración mucho tiempo.
Los mercados, expectantes
Por todo ello, los mercados se han mantenido razonablemente a la expectativa, con volúmenes de negociación a la baja, en espera de algo más de luz por el lado del futuro, mientras no dejan de aparecer datos macroeconómicos atrasados que nos indican hasta dónde ha llegado (o está llegando) el umbral de esta crisis. Aparte de la publicación de unos desasosegadores indicadores adelantados en Europa, los niveles de desempleo en EEUU, con más de veinte millones de peticiones en el mes de abril, dan una imagen fiel de la profundidad de la presente emergencia.
Por lo demás, en estos días estaremos muy atentos a la publicación de resultados empresariales del primer trimestre, que deberán recoger, en parte, los efectos del confinamiento. Muy importante será la guía que nos puedan dar las empresas para su sostenimiento en el futuro, si bien estos posibles escenarios parten de un disclaimer elemental y desconocido: determinar cuánto tiempo permaneceremos así.
En resumen, máxima prudencia en todos los niveles y extrema preocupación por el futuro, pero con un cierto halo de luz, que procede de la posibilidad, real, de volver a poner en marcha la máquina, tras casi dos meses de inactividad. En ese sentido, lo más importante, es realizar las políticas económicas necesarias y correctas para que el motor, recién arrancado, no se gripe.