Locura bursátil: ¿Es el momento de la estrategia ’Taco’?
La combinación de unas valoraciones de las acciones extremadamente elevadas, unos tipos de interés muy altos y un nuevo presidente que adopta medidas audaces probablemente seguirá zarandeando las acciones en el futuro inmediato. Junto a estos factores que provocan volatilidad está el hecho de que el S&P 500 acaba de registrar dos subidas anuales consecutivas de más del 20%. Por consiguiente, no debería sorprendernos que este año los rendimientos sean medios o inferiores a la media y que se produzcan picos de volatilidad. Si estamos en lo cierto sobre la volatilidad, es totalmente posible que se desaten nuestros peores rasgos de comportamiento como inversores. Dada esta posibilidad, merece la pena hacer una pausa en nuestros típicos temas económicos o de mercado y centrarnos en la economía conductual.
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Ponga la CNBC o Bloomberg y los comentaristas hablarán de economía, resultados empresariales y política. Presentan esos temas y muchos otros como argumentos para explicar por qué determinados mercados, clases de activos y valores individuales se comportan como lo hacen. Aunque tienen su mérito, los instintos conductuales de los inversores son el motor más importante de las oscilaciones a corto plazo y el menos comentado por los medios de comunicación. Dado que la psicología desempeña un papel tan importante como infravalorado en los mercados financieros, aprendamos a gobernar mejor nuestra voz interior para tomar decisiones más racionales.
¿Qué es la economía conductual?
La economía conductual estudia la psicología individual y de grupo en relación con las teorías económicas y de mercado tradicionales. El objetivo es comprender mejor cómo toman decisiones de inversión los individuos.
La economía tradicional y la mayoría de las teorías de mercado asumen que las personas son racionales. Además, como son racionales, siempre deben tomar decisiones en su mejor interés. Por el contrario, la economía conductual reconoce que los seres humanos son irracionales y a menudo se ven influidos por sesgos cognitivos y emociones que a menudo van en contra de sus intereses.
La economía conductual ayuda a explicar por qué los mercados se comportan a veces de forma impredecible y por qué los inversores "racionales" toman decisiones aparentemente irracionales.
Teorías clave de la economía conductual
Los siguientes párrafos describen algunos sesgos y procesos de pensamiento cruciales que todos albergamos y que influyen en nuestra toma de decisiones de inversión. A medida que los lea, considere cómo pueden aplicarse a su caso.
Racionalidad limitada
Este concepto, introducido por el economista y premio Nobel Herbert Simon, sugiere que los individuos tienen recursos cognitivos limitados y no pueden procesar toda la información necesaria para tomar decisiones perfectamente racionales. Sencillamente, tenemos un ancho de banda limitado.
Para superar este fallo, a menudo utilizamos atajos para tomar decisiones que sean "suficientemente buenas". Simon llamó a este proceso adaptativo "satisbastar". El término viene de las palabras "satisfacer" y "bastar".
Teoría de las perspectivas
Desarrollada por los premios Nobel Daniel Kahneman y Amos Tversky, esta teoría describe cómo evalúan las personas las posibles pérdidas y ganancias de forma desigual. Muchos estudios han descubierto que la mayoría de las personas son susceptibles a la aversión a las pérdidas. En otras palabras, somos más sensibles a las pérdidas que a los beneficios. Este sesgo conduce a comportamientos de aversión al riesgo cuando nos enfrentamos a ganancias potenciales y a comportamientos de búsqueda de riesgo cuando nos enfrentamos a pérdidas potenciales. En otras palabras, somos más propensos a doblar la apuesta en una posición perdedora que en una ganadora.
Anclaje
Este sesgo cognitivo aparece cuando las personas dependen demasiado de un dato inicial (el "ancla") a la hora de tomar decisiones. Por ejemplo, muchos inversores se quedan anclados en el precio al que compraron un activo. En tal caso, pueden considerar que ése es el valor justo de las acciones, aunque cambien las condiciones. Así, si las acciones caen, pueden percibirlas como infravaloradas, independientemente de por qué haya bajado el precio.
Exceso de confianza
Muchos inversores profesionales y particulares sobrestiman sus conocimientos y su capacidad para predecir los movimientos del mercado. Este exceso de confianza puede conducir a un exceso de operaciones y de asunción de riesgos, lo que a menudo se traduce en resultados de inversión inferiores a los óptimos.
Los casinos y las webs de apuestas deportivas se aprovechan de este sesgo. Por defecto, las probabilidades de que un jugador gane una apuesta o una mano son de menos de un 50%. Cuanto más jueguen o apuesten, mayores serán las probabilidades de que pierdan dinero. Entonces, ¿por qué apuesta y juega tanta gente? Confían en que tienen algún conocimiento o habilidad que los demás no tienen. Este mismo rasgo de comportamiento es válido para muchos inversores.
Comportamiento gregario
La gente suele seguir las acciones de los demás, especialmente de los que se consideran "expertos" o populares. El término influencer en redes sociales se aplica a muchos de los medios financieros. Cuanto más incierta es la situación, mayor es este sesgo. El comportamiento gregario, cuando es suficientemente fuerte, puede provocar burbujas y desplomes, ya que los inversores empujan los precios al alza o a la baja basándose en el comportamiento de los demás.
Si no fuera así, las valoraciones de las acciones se mantendrían estables. Los vendedores surgirían cuando las valoraciones fueran elevadas y los compradores intervendrían cuando fueran bajas. Hoy en día, las valoraciones se encuentran en niveles récord a pesar de la creciente preocupación en torno a los fundamentales económicos del mercado.
Centrémonos en cómo estos cinco conceptos pueden afectar a los mercados financieros.
Cómo afecta la economía conductual a los mercados financieros
La economía conductual tiene implicaciones infravaloradas para los mercados financieros. Al comprender los factores psicológicos que influyen en el comportamiento de los inversores, podemos explicar mejor las anomalías del mercado y desarrollar estrategias para mitigar su impacto en nuestros rendimientos.
Burbujas y desplomes
Las teorías económicas tradicionales no explican por qué se forman las burbujas de activos y por qué acaban estallando. Si todos los inversores fueran racionales y conocieran toda la información disponible, ¿quién pagaría de más por las acciones, provocando burbujas? Del mismo modo, ¿por qué los inversores venden en vez de comprar cuando las acciones están baratas?
El comportamiento de rebaño y el exceso de confianza pueden ser una combinación ganadora en los mercados alcistas. Sin embargo, estos comportamientos suelen tener un coste elevado. La combinación de la creencia de que uno puede generar rendimientos superiores a los históricos durante largos periodos y una confianza similar de las masas puede situar los precios de los mercados y de los activos individuales muy por encima de las valoraciones racionales.
El proceso puede ser circular. A medida que los inversores se enamoran de sus ganancias, aumenta su confianza. En el proceso, se vuelven menos racionales. A la inversa, cuando las acciones están baratas tras un desplome, muchos inversores pueden perder la confianza pero no pueden aprovecharse de la situación debido a su aversión a las pérdidas. De hecho, muchos inversores entran en pánico y venden cuando los precios son bajos.
Reacción excesiva o insuficiente a las noticias
A veces, los mercados reaccionan de forma exagerada ante la información nueva, lo que hace que los precios se ajusten rápidamente y, a menudo, más de lo que justifican las noticias. En tales circunstancias, es frecuente que los precios inviertan parte de la reacción exagerada y se ajusten en consecuencia. Algunos inversores tienen una regla de tres días para evitar una reacción exagerada. Esperan a ver la evolución de los precios del mercado o de los activos durante tres días antes de actuar. Sin embargo, en tendencias fuertes, esta regla puede ser perjudicial. Una reacción exagerada ante determinadas noticias y una reacción insuficiente ante otras, junto con el comportamiento de rebaño, pueden hacer que los precios se sitúen muy por encima de lo que cabría esperar. En estos casos, los ajustes se producirán, pero pueden tardar más de lo que muchos esperan.
Otras veces, los mercados reaccionan de forma insuficiente a la información nueva. La racionalidad limitada ayuda a explicar este fenómeno. A veces, los inversores no procesan, comprenden o aprecian plenamente las implicaciones de la información nueva de forma inmediata. Como resultado, los precios pueden ajustarse gradualmente a medida que más inversores conocen la noticia y su impacto.
Consejos para la gestión de carteras y el trading basado en el comportamiento
Teniendo en cuenta algunos sesgos conductuales, vale la pena compartir algunos consejos para ayudar a evitar ser demasiado reaccionario o complaciente durante los períodos de gran volatilidad.
Evite el exceso de operaciones
Nadie es más listo que el Sr. Mercado, dice un adagio de Wall Street. El exceso de confianza puede llevar a operar con más frecuencia de lo que sería recomendable. En consecuencia, cuantas más operaciones realice, mayor será la probabilidad de que el Sr. Mercado saque lo mejor de usted.
Warren Buffett lleva la lógica al extremo.
"Si no estás dispuesto a mantener unas acciones durante 10 años, ni se te ocurra mantenerla ni 10 minutos".
Creemos que operar en exceso puede perjudicar la rentabilidad, y que un enfoque pasivo estricto de compra y mantenimiento tiene sus inconvenientes. La gestión activa de la cartera es esencial a medida que cambian las condiciones económicas y de mercado. Lo difícil es saber cuándo tiene sentido una operación y es lógica y nos superan cuándo nuestros prejuicios y nos obligan a realizarla.
Sesgo nacional/de familiaridad
Los inversores tienden a preferir las inversiones nacionales a las extranjeras, un fenómeno conocido como sesgo nacional. También prefieren ciertos factores bursátiles a otros. Por ejemplo, en los últimos tiempos se ha producido una búsqueda desenfrenada de valores de gran capitalización. En consecuencia, algunos valores de pequeña capitalización, muy baratos y de bajo rendimiento, están maduros para la inversión.
Sucumbir a estos sesgos puede dejar una cartera inadecuadamente diversificada, con el consiguiente aumento del riesgo. Reducir o evitar nuestro sesgo de hogar y familiaridad abre la puerta a inversiones potenciales más amplias. Piense más allá de su comodidad.
Efecto de disposición
El efecto de disposición se refiere a la tendencia de los inversores a vender las inversiones ganadoras demasiado pronto y a aferrarse a las perdedoras durante demasiado tiempo. Este comportamiento está motivado por la aversión a las pérdidas y un deseo de evitar realizarlas. Como resultado, los inversores pueden perder ganancias potenciales e incurrir en pérdidas considerables. Además, los inversores pueden perderse oportunidades mejores, ya que su dinero y su mente están bloqueados.
Teoría conductual de la cartera (BPT)
Esta teoría, desarrollada por Hersh Shefrin y Meir Statman, sugiere que los inversores suelen crear carteras que reflejan sus preferencias y sesgos psicológicos. Al comprender estas preferencias, los inversores pueden apreciar mejor sus puntos ciegos.
La teoría es un argumento a favor de los asesores de inversión. Contratar a alguien para que gestione su dinero ayuda a evitar una cartera regulada por sus prejuicios. Esto no quiere decir que los profesionales no alberguen prejuicios similares, pero algunos son más hábiles a la hora de comprender sus prejuicios y trabajar en torno a ellos. Además, aunque tengan sesgos, difieren de los suyos y crean una extraña diversificación con respecto al resto de sus activos.
Resumen
La economía conductual proporciona valiosos conocimientos sobre los factores psicológicos que influyen en la toma de decisiones de inversión. Domar estos defectos, o al menos apreciarlos mejor, debería darnos más tranquilidad. Además, nos permitirá caminar por la delgada línea de la inversión activa, en la que no somos ni excesivamente activos ni excesivamente pasivos.
Al reconocer que no siempre somos racionales y que estamos sujetos a sesgos cognitivos, podemos comprender mejor las anomalías del mercado y desarrollar estrategias para mitigar e incluso aprovechar su impacto.
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