Locura bursátil: ¿Es el momento de la estrategia ’Taco’?
Es muy posible que, desde el otoño pasado, no hayan leído ningún informe de análisis económico y de mercados que no incluya la palabra “Trump”. Si esperaban otra cosa con este artículo, querría sacarles del error antes de que continúen con él.
Que la nueva administración estadounidense domina la escena política y económica global, con un halo de incertidumbre notabilísimo, es una obviedad a estas alturas. Pero no es menos cierto que, en las últimas semanas, buena parte de los postulados sobre los que el mercado trabajaba, incluso antes de las elecciones presidenciales, se están consumiendo con cierta celeridad. Incluso dando la vuelta.
Y es que allá por noviembre, los agentes económicos confiaban de manera mayoritaria en un Donald Trump promercado. Un elemento tal vez discordante, nada convencional, sí. Un negociador de los de a cara de perro, también. Pero alguien que iba a manejar la coyuntura económica con visos de no derrapar -con una moto ya acelerada- por esta parte. No en vano, buena parte de sus votos proceden de una clase media desencantada con la inflación inherente a la etapa Biden. En resumen, un presidente bueno para los bolsillos -estadounidenses, se entiende- y también para las bolsas.
Desde un poco antes del cambio brusco -por no decir cambio de chaqueta- de la estrategia de la Casa Blanca en relación con Ucrania y, en general, con los aliados de la OTAN, hemos comenzado a ver signos que indican que los tiros no están centrados. En términos agregados, podemos resumir esta nueva percepción en que el contexto de incertidumbre supera, con mucho, cualquier previsión que pudiéramos haber hecho, hace tres o cuatro meses. Eso está llevando, por ejemplo, a una reducción notable en el año del número de operaciones corporativas, en Norteamérica. Y, desde luego, a que los principales índices bursátiles americanos lo estén haciendo significativamente peor que las europeas.
En buena medida, estos temores nacen de la aprensión de los inversores hacia las medidas que emanan de la Casa Blanca, de manera particular en los tres aspectos de aranceles, políticas de contención de gatos y políticas migratorias. En el primer caso, la imposición de aranceles puede llevar a los EE.UU. no solo a un incremento de la inflación -volveremos sobre ello más tarde- sino también a resentirse en crecimiento, incluso a corto plazo. En el segundo tema, no debemos olvidar que el gasto público es un acelerador notable de la economía, si está bien gestionado. En todo caso, el despido masivo de funcionarios puede impactar en el consumo, algo tan relevante en la economía estadounidense. Y, con las cifras aportadas por Musk, existen serias dudas de que los datos objetivo sean no ya alcanzables, sino sencillamente reales. Finalmente, en inmigración, el temor a que unas medidas muy agresivas en este ámbito lleven a dejar sin cubrir una parte relevante del trabajo estadounidense, provoca incertidumbre en cuanto a la evolución del crecimiento. No olvidemos que, en buena medida, el trabajo neto que se crea en EE.UU., al igual que en España, proviene de la emigración a este país.
Curiosamente, el principal temor económico en EE.UU., derivado del incremento de inflación y, con ello, de una estabilización o incluso subida de tipos, ha perdido algo de fuelle estas semanas. En términos generales, los precios siguen estables, como hemos visto en el último dato del deflactor del PCE. Pero no es menos cierto que aún no se ha dado el pistoletazo de salida a las grandes rebajas fiscales, parte del programa de Donald Trump. Unas medidas de estímulo de demanda, como los aranceles, esencialmente inflacionistas. Por ello, las bolsas made in USA no lo están haciendo bien…pero la rentabilidad de los bonos sí ha recortado con cierta fuerza, frente a máximos.
Todo ello ocurre en un momento en el que Europa parece volver al crecimiento -muy tímidamente- con una inflación también contenida (el último dato de precios del sector servicios, caballo de batalla del BCE, ha bajado claramente del 4%) y con la expectativa fundada de que la senda de bajada de tipos va a continuar. Conviene decir que, aparte de curvas más empinadas, las rentabilidades de la deuda se muestran reacias a corregir, probablemente pendientes del incremento de gastos en defensa que tendremos que hacer los europeos, para llenar el vacío de nuestro gran vecino de enfrente del Atlántico. En todo caso, las bolsas del Viejo Continente sí se muestran positivas, al contrario que las americanas.
Por todo ello, sensación en los inversores de que el gas de la botella de Trump se ha evaporado, de la mano de una gestión, cuando menos, objetable. Es muy posible que los estabilizadores propios de EE.UU., y los semáforos rojos que puede tener el propio Trump (inflación, crecimiento y SP&500) puedan reconducir la situación. Pero, a día de hoy, la inestabilidad y la desconfianza son patentes. En todo caso, una posible oportunidad de inversión táctica, singularmente en bolsa americana.

