En los últimos tres años, hemos sido testigos de un desplome histórico en el mercado de bonos a largo plazo de Estados Unidos, lo que ha llevado a pérdidas significativas para los inversores en T-Notes y Bonos a 20 y 30 años. Las palabras "capitulación" y "desastre" han sido comunes en los medios financieros al describir esta tendencia que ha visto caer el valor de mercado de estos activos en más del 50% desde mediados de 2020.
La pregunta que debemos plantearnos es si, a pesar de este comportamiento previo, podríamos estar ante una de las mejores oportunidades de inversión en estos activos, especialmente considerando un horizonte de inversión de 1 a 3 años.
Para comprender el desplome anterior, es esencial considerar las causas. Tras un rápido aumento en el valor de los bonos a raíz de la disminución de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal tras el COVID-19, la temida inflación y las medidas restrictivas posteriores de la Fed provocaron un escenario completamente opuesto: el desplome de los precios de la renta fija a largo plazo.
Este aumento de más de 500 puntos básicos en las tasas de interés por parte de la Fed tuvo un impacto directo en los bonos, especialmente los de largo plazo, que son más sensibles a los movimientos de las tasas de interés.
Sin embargo, ¿por qué podrían representar una oportunidad de inversión? Más allá de los actuales rendimientos atractivos (alrededor del 5%), estos bonos pueden ser considerados como una inversión a corto plazo, donde se adquieren con la intención de venderlos a un precio mayor mucho antes de su vencimiento. El potencial de rentabilidad es más alto si se dan ciertas circunstancias.
La duración de los bonos a largo plazo (entre 20 y 30 años) es un factor clave a considerar. Un aumento del precio de los bonos de un 1% en el rendimiento (TIR) puede resultar en un aumento del precio del bono del entorno de un 17% debido a la larga duración.
La estrategia de inversión en bonos a largo plazo también se basa en la expectativa de que la Reserva Federal detenga las subidas de tasas, lo cual se anticipa en el mercado. Historias pasadas, como las cinco últimas crisis económicas, han visto una pausa de entre 6 y 17 meses después de la última subida de tasas antes de un rápido descenso. Si este patrón se repite, podríamos presenciar la próxima disminución de tasas en el verano de 2024.
La disminución de las tasas de interés de la Reserva Federal no implica necesariamente una disminución inmediata en las tasas a largo plazo, pero la experiencia muestra que a medida que las tasas a corto plazo disminuyen, la demanda de los bonos a largo plazo aumenta debido a sus rendimientos más altos. Además, durante recesiones, los inversores tienden a refugiarse en activos más seguros, como la Deuda Pública de Estados Unidos, lo que impulsa los precios.
En conclusión, a pesar de las pérdidas pasadas, la actual situación de máximos rendimientos y mínimas cotizaciones de bonos a largo plazo en EE. UU., junto con la perspectiva de empeoramiento de la macroeconomía en el corto plazo, podría representar una oportunidad de inversión atractiva en los próximos trimestres. Sin embargo, es importante recordar que esta información se ofrece solo con fines informativos y no constituye una recomendación de inversión.