Que no haya noticias es buena noticia para los Inversores de General Electric (NYSE:GE) estos días.
El conglomerado industrial, que se enfrenta a uno de los momentos más difíciles de sus 126 años de historia, se ha llevado otro golpe esta semana cuando UBS (SIX:UBSG) ha rebajado el precio objetivo de sus acciones alegando un panorama de deterioro de la demanda en cuanto a su unidad de energía, negocio fundamental para el plan de cambio de la empresa.
"Es necesaria una mejora del mercado energético para notar un impacto contundente en las ganancias, pero vemos señales de deterioro del mercado", afirmaba el analista Steven Winoker el 5 de agosto en una nota a los clientes. Rebajó el precio objetivo de las acciones de 16 a 13 USD. Winoker añadía en la nota:
"Aunque el coste sigue siendo un punto principal para el negocio, los mercados finales no son nada colaborativos en cuanto a precios, demanda y competencia... Y en cualquier caso, requeriría reducciones de costes aún más agresivas, encerrando a GE en un círculo vicioso”.
Las previsiones bajistas parecen no terminar nunca para GE, que se encuentra inmersa en la mayor reorganización corporativa de su historia reciente. Como parte de su plan de reestructuración para restaurar la salud financiera de la empresa, GE pretende dar la vuelta a su negocio de atención sanitaria y desprenderse de su participación en la empresa de servicios petroleros Baker Hughes, fraccionando de modo efectivo la empresa. Se espera que el plan se complete en los próximos 12-18 meses.
Una vez estén listos estos acuerdos, a GE le quedarán los motores a reacción, las centrales eléctricas y las unidades de energía renovable, que el director ejecutivo de GE, John Flannery, cree que infundirán algo de vida a las acciones, que han perdido más de la mitad de su valor en el último año. Los accionistas han visto su dividendo reducido a la mitad, el segundo recorte desde la gran depresión.
Las acciones siguen teniendo margen de descenso
En unos 12,50 USD por acción, la mayoría de las malas noticias han calado ya en la empresa y éste podría ser el momento adecuado para que los inversores que van a contracorriente comiencen a apostar por el cambio de la empresa.
Hay bastantes probabilidades de que un posicionamiento a contracorriente pueda reportar generosos resultados para los audaces con un horizonte de tiempo más pequeño. Pero todavía no ha llegado la hora de la pesca de fondo.
La mayor incertidumbre a la vista es la posibilidad de otro recorte de dividendos. La última situación de caja de la empresa sugiere que el segundo recorte de dividendos será mucho mayor que el anunciado en noviembre, cuando GE redujo el pago a la mitad hasta 0,12 USD.
Los resultados del segundo trimestre de GE indicaron en julio que el conglomerado todavía sigue luchando para cumplir con sus objetivos de efectivo. GE anunció sólo 258 millones de dólares en flujo ajustado de efectivo industrial, incluyendo los dividendos de Baker Hughes para el trimestre. Eso es unos 100 millones de dólares menos que en el mismo periodo de hace un año. Eso sitúa su flujo libre de efectivo del primer semestre de 2018 en -1.400 millones de dólares, obligando a la empresa a reducir su objetivo de flujo de efectivo de todo el año hasta 6,000 millones de dólares.
En conclusión
La lucha de GE para reactivar la demanda de sus turbinas de gas y su negocio de aviación no contribuye a que los alcistas se interesen por sus maltrechas acciones. Este debilitamiento indica que hay un montón de riesgos en torno al plan de reflotación de Flannery y eso podría implicar más penurias para los accionistas de GE. Para los nuevos inversores, es mejor permanecer al margen y esperar el momento adecuado.