Con motivo del Dia Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, he pensado hacer una pequeña aportación al tema del “sesgo inversor”. Las preguntas que podemos hacernos son:
¿Influye el género en los resultados de la inversión? ¿Son las mujeres mejores inversionistas que los hombres, o todo lo contrario?
En este caso, como en otros, influye el contexto social y económico que viva la mujer. En las zonas rurales pesa mucho más que en las ciudades el “rol” asignado a las mujeres respecto a la economía y el dinero.
Si una mujer dispone de buenos conocimientos de finanzas y de inversiones estará perfectamente preparada para acceder a los mercados bursátiles.. Si la mujer está habituada a manejar las cuentas personales o familiares y le gusta el mundo de la Bolsa, no debe haber ninguna diferencia respecto al hombre, en cuanto a los resultados que obtenga en la gestión activa del dinero, siempre que adquiera los conocimientos específicos que se requieren en análisis técnico, análisis fundamental y/o gestión monetaria
La pregunta entonces se centra en si el impacto de las emociones en la actividad inversora es mayor, menor o diferente en las mujeres que en los hombres. ¿Es la psicologia del inversor diferente según el género?
Realmente hay diferencias y causas que son puramente biológicas, otras de origen emocional y patrones de comportamiento ante el riesgo. Veamos.
Hay varios niveles de tolerancia al riesgo. Este concepto se refiere a la resistencia ante la volatilidad, las fluctuaciones rápidas del mercado y la variación de la cotización que un inversor puede soportar. Ante una bajada brusca de los mercados un inversor puede verla como una oportunidad, mientras que otro se angustiará y se encontrará nervioso ante una perdida de dinero potencialmente cierta.
Según la actitud de inversión los asesores clasifican a los inversores dentro de esta escala de aversión o no al riesgo: “Muy conservador”, “algo conservador”, “moderado, “algo agresivo” y “muy agresivo”.
De un baremo de cien hombres, un 33% se consideran a sí mismos con una actitud al riesgo “muy agresiva”, mientras que solo el 24% de las mujeres se definen así. ¿Qué razones hay para que esto sea así? Miremos a la historia del ser humano a lo largo de los tiempos.
Hace millones de años, los hombres primitivos se dedicaban a la caza para poder sostener a sus familias. El riesgo de perder la vida o de sufrir heridas espantosas tuvo que ser frecuente. Ante la opción de no tener comida o de asumir riesgos al enfrentarse a animales de gran fiereza, es evidente que tuvieron que desarrollar la agresividad, la capacidad de lucha, de guiarse fuertemente por su instinto de supervivencia.
La mujer primitiva se dedicaba a las tareas del hogar y la crianza. Su labor era de cuidadora de los suyos, apegada a la tierra, en cuevas con espacios limitados. Tuvieron que desarrollar su capacidad de adaptación y su instinto de conservación.
Hay diversas cuestiones biológicas que relacionan las hormonas y la respuesta cerebral de hombres y mujeres que clarifican por qué el hombre, en general, es más agresivo que la mujer, especialmente en temática relacionada con la delincuencia y la criminalidad.
Tradicionalmente, el rol de la mujer ha estado más orientado a la crianza y cuidado de los hijos. Un alto porcentaje de mujeres ha mostrado desinterés por las finanzas y las inversiones, por considerar que era responsabilidad de los hombres.
Hoy en día la clara incorporación de la mujer al mercado laboral le ha proporcionado una visión mucho más amplia del mundo de los negocios, las finanzas y las inversiones. A la mujer le interesa obtener rentabilidad del dinero, si bien opta por una mayor diversificación y con menores riesgos, pensando más en construir unos fondos que les aporten seguridad, a la par que rentabilidad.
Aporto mi experiencia como profesora de psico trading en escuelas: de treinta asistentes a los cursos de formación en bolsa, solo unas cinco eran mujeres, es decir, alrededor de un 15%. Es decir, interés en conocer las inversiones si lo hay, si bien hay más orientación a evitar los riesgos y a construir un patrimonio estable.
El punto medio es el más adecuado para todos. Generalizando: las mujeres hemos de aprender a no quedarnos con fijación en determinados periodos de pérdidas y, en consecuencia, tomar decisiones con algo de más riesgo, para aprovechar un potencial recorrido de ganancias si la tendencia así lo indica. Esto siempre que se haga una buena gestión monetaria, asumiendo sólo las pérdidas que previamente estemos dispuestas a tener.
Generalizando también: los hombres es bueno que reconozcan su impulsividad, sus patrones “disparadores” de acciones muy rápidas, tendentes a ganar el máximo dinero. Es positivo asumir porcentajes de riesgos prudentes, para no poner en peligro la eficacia de toda la operación.
Tanto hombres como mujeres somos seres en evolución continua, con fortalezas y áreas de mejora en el manejo del dinero, las finanzas y las inversiones. El autoconocimiento y un genuino deseo de aprender y progresar, ayudará a todos a gestionar la mente y las emociones con inteligencia inversora. La psicologia del dinero, el psicotrading y las neuro finanzas aportan claridad en el confuso ámbito de las emociones.