Ayer conocíamos la primera estimación de crecimiento del Q4 en Japón.
Un descenso trimestral del 0.4 % (-1.4 % anualizado), mayor de lo esperado.
El consumo privado bajó un 0.8 % trimestral, cuando la inversión subió un 1.4 %. El sector exterior tuvo una pequeña repercusión positiva de 0.2 puntos.
Al final, dos de cuatro trimestres del año pasado estuvieron en negativo.
El crecimiento anual del 0.5 % es menor a lo esperado inicialmente por el Gobierno.
De hecho, el dato de 2015 ya no se debe a un factor exógeno como la subida de impuestos decidida en 2014 o un comportamiento muy negativo del sector exterior. Es más: ahora se teme qué impacto pueda derivarse de la subida de impuestos sobre el consumo para 2017.
Al menos el deflactor del PIB creció un 0.1 % a finales del año pasado, pero es más moderado que el 0.3 % reportado durante el Q3. Cinco trimestres consecutivos en terreno positivo que alejan el riesgo a un retorno de la deflación.
¿Más desde la política monetaria? al final, es cierto que la política expansiva del BOJ ha servido para alejar el riesgo de recaída en la deflación, pero no lo suficiente para alcanzar el objetivo de inflación del 2.0 %. Lo que sí parece bastante claro es que la política monetaria no ha servido para impulsar la demanda de forma sostenida, incluso apelando al teórico impacto positivo en las exportaciones de la caída del Yen. ¿Se debe esto a la externalización de la producción de las compañías japonesas en el exterior? Esto explicaría también como el fuerte aumento de los beneficios empresariales no se ha traducido en un aumento de los salarios e inversión doméstica….
¿Entonces? Limitado el margen de maniobra en política fiscal y con las reformas estructurales bajo potencial impacto a medio y largo plazo, sólo resta la política monetaria. Pero, como ven, su impacto en los mercados no ha sido tan claro. ¿Han perdido credibilidad las medidas del BOJ? Tal vez, la confusión en términos de ambigüedad detectada en los comentarios de su gobernador durante los últimos meses haya sido también determinante de esta menor “eficiencia”.
Pero, por otro lado, ¿realmente puede ampliar las compras de papel público el BOJ?.
Miren este gráfico….
Naturalmente, el BOJ podría intentar absorber más papel al emitido a través de comprárselo a bancos y otros inversores institucionales, como compañías de seguros y fondos de pensiones. Pero estos últimos a su vez tienen presión para mantener papel con determinada duración en su cartera, adicionalmente a la propia presión de obtener una rentabilidad elevada. Es irónico que en un país donde la deuda pública supone más de dos veces el producto y con rentabilidades nulas, tenga necesidad de más papel para cubrir la “elevada” demanda. Por el contrario, tampoco está del todo claro qué podría ocurrir si alguno de los inversores institucionales anteriores (incluyendo ahora los bancos) liquidaran su inversión dada la nula rentabilidad buscando activos en el exterior.
¿Es el crecimiento? Al final, tres años más tarde del Abenomics no es sólo que el objetivo de inflación no se haya alcanzado como también que el crecimiento potencial no ha aumentado de forma significativa. Ahora nosotros lo estimamos en niveles del 0.6 %, una tasa que podría bajar en los próximos años por factores demográficos y bajo stock de capital.
Naturalmente, el caso de Japón no se puede extrapolar a otros países o zonas económicas.