Tensión bursátil: EE.UU. e Irán tensan la cuerda; cómo operar ahora
Las negociaciones dirigidas a conseguir un acuerdo de paz en Ucrania tienen gran influencia sobre cuál puede ser la evolución de los mercados en el corto, medio y largo plazo. De ahí la importancia de entender qué es lo que está pasando realmente.
Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad. Nosotros añadiríamos que la primera víctima de una negociación de paz es también la verdad. Lo que se lee en los medios de comunicación o en las redes sociales está plagado de propaganda y desinformación. Todos los partícipes tratan de dirigir la opinión pública a su favor. Otros actores tratan de obtener beneficios económicos particulares o empresariales. Un auténtico espectáculo de confusión y manipulación interesada que no ayuda en nada a la toma de decisiones de inversión.
Lo primero que hay que hacer es abstraerse del ruido interesado y centrarse en lo importante. Para un inversor consiste en tratar de anticipar el resultado a corto, medio y largo plazo de las negociaciones. El resultado real y sus implicaciones económicas y financieras, no las implicaciones políticas ni la justicia o injusticia de dicho resultado. Lo primero que tenemos que hacer es olvidarnos de la política, incluidas nuestras propias opiniones. Y, por supuesto, de las de los demás.
Una vez abstraídos del componente político, lo primero que tenemos que tener muy claro es que, en una negociación, lo más importante es detectar quién tiene la “mano fuerte”. Porque el resultado más probable es precisamente el que busca la mano más fuerte. Aunque luego hay que matizarlo en función de la fortaleza que puedan tener otros partícipes. Ninguna negociación acaba con una parte obteniendo el 100 % de sus deseos. Eso lo sabe hasta Donald Trump. O especialmente Donald Trump, dada su experiencia en cerrar acuerdos.
Ahora mismo la partida se juega entre cuatro jugadores: Ucrania, Rusia, EE.UU. y la UE. La mano fuerte la tiene sin duda Estados Unidos. Aunque los políticos europeos transmitan de cara a su opinión pública que pueden tomar el relevo de Norteamérica y que ellos solos pueden conseguir mantener a raya a Rusia, o incluso forzarla a retirarse de los territorios ocupados o parte de ellos, esa es una expectativa irreal. Aunque Europa unida tiene un ejército muy potente, sin el paraguas tecnológico norteamericano no está en condiciones de cumplir esa promesa. Eso suponiendo que pudieran ponerse de acuerdo los líderes europeos para meterse en ese jardín, lo cual es bastante suponer.
Si no se ha podido con los rusos estando unida la OTAN, mucho menos si se pierde el apoyo norteamericano. Tengamos además en cuenta que gran parte del equipo militar de Ucrania es norteamericano y, por lo tanto, necesita repuestos y munición norteamericana. Esa es la cruda realidad.
De lo anterior podemos deducir que lo que tiene más probabilidades de ocurrir al final es que haya un alto el fuego y un acuerdo de paz, que es lo que quiere la “mano fuerte” en esta negociación, es decir, EE. UU. Parece difícil que, aparte de declaraciones altisonantes, la UE esté dispuesta a hacer lo que hizo Norteamérica en Vietnam cuando Francia se retiró del sudeste asiático. En esta ocasión sería justo a la inversa: la UE frente a Rusia a través de Ucrania, en lugar de EE.UU. contra Rusia y China a través de Vietnam. Y ya sabemos cómo acabó aquello.
De hecho, puestos a contemplar un escenario positivo y otro negativo, este sería el negativo para los mercados, especialmente para la bolsa europea. Lo del rearme es muy positivo económicamente, pero mejor si es en tiempo de paz. Tropas europeas luchando en Ucrania contra tropas rusas es bastante peor que simplemente un escenario negativo. Afortunadamente, a este escenario le damos muy pocas probabilidades.
El gran beneficiario del escenario de acuerdo de paz sería sin duda la bolsa europea, lo que ya incluía como factor favorable la posibilidad de un acuerdo de paz en Ucrania. Los otros eran la entrada de Europa en una economía de guerra, los bajos tipos de interés de la eurozona y la esperada victoria de la CDU en Alemania y su programa económico liberal.
En el corto plazo el escenario es inestable, puesto que, aunque al final pueda haber un acuerdo, en el proceso de negociación dará muchas veces la sensación de lo contrario. Desde todas las partes implicadas. Además, en la negociación se mezclará la cuestión de los aranceles, fuente a su vez de inestabilidad (ver capítulo de este cuaderno dedicado al tema arancelario).
Respecto a predicciones a largo plazo, pensamos que la respuesta más adecuada sería la que dio Keynes cuando respondió aquello de “a largo plazo, todos muertos”. A largo plazo todo dependerá de qué ocurra con lo que ya se denomina el nuevo orden mundial, que ya se empieza a dibujar, pero es pronto para saber quiénes son los beneficiarios y los perdedores.
Antes de acabar, permítanos recordar que los políticos también tienen sus objetivos y, en muchas ocasiones, sus propios intereses personales. No es casual que Macron trate de liderar la respuesta europea para dar imagen de estadista en su país, donde su popularidad está muy tocada. Y algo parecido se podría decir de Starmer en el R. U. Y de ahí en adelante. Tener un enemigo exterior siempre ha sido muy socorrido para los políticos, especialmente cuando el enemigo puede ser real. Se genera unión en torno al líder. Esto también debemos de tenerlo en cuenta a la hora de entender la situación actual.
Por su parte, los medios meten ruido, porque es su negocio. Y los influencers, por el mismo motivo. En muchos casos —y lo vemos en el caso de las televisiones españolas o las tertulias en la radio— o bien se funciona por opiniones preestablecidas o por lo que se considera políticamente correcto en cada medio. Puede que todas esas conversaciones y opiniones sean fuente de entretenimiento, pero desde luego no son una buena fuente de información para los inversores.

