El mercado da por hecho que Trump se asustó al ver el ‘efecto pánico’ que tumbó las bolsas -la nueva imposición mutua de aranceles entre Estados Unidos y China (en ambos casos las tarifas entran en vigor el 1 de septiembre)- y tergiversó (o manipuló) unas declaraciones del viceprimer ministro chino, Liu He. Mientras este último hacía simplemente un llamamiento a la calma y esperaba unas conversaciones “tranquilas”, Trump se montaba su propia película inventándose una llamada telefónica de China para retomar las conversaciones y alcanzar un acuerdo.
Sea como fuere, a Trump volvió a salirle bien la jugada. Haciendo caso omiso al desmentido por parte de China sobre esa inexistente “llamada”, el mercado prefirió ver el vaso medio lleno y rebotó ante la esperanza del retorno de las conversaciones comerciales entre ambos gigantes.
De hecho, hay quien resalta algunas declaraciones que Trump dejó caer en la cumbre del G7, insinuando que Estados Unidos podría retrasar la entrada en vigor de los aranceles previstos para el próximo 1 de septiembre, si China también hacía lo propio y daba su brazo a torcer para llegar a un acuerdo. Un acuerdo, claro está, que “sea bueno para EE.UU.”, según recalcó el presidente estadounidense.
Pero, ojo, porque la reunión de la Reserva Federal estadounidense (Fed) está a la vuelta de la esquina. El próximo 18 de septiembre, Jerome Powell y su equipo se sentarán para decidir el próximo movimiento del organismo en cuanto a tipos de interés.
El mercado tiene descontado al 100% que la Fed recortará tipos, pero esta bajada será de 25 puntos básicos. Este “respiro” sería suficiente para los inversores, pero no para Trump. Él quiere más. Los que seguimos al presidente estadounidense en Twitter ya sabemos que tanto el número de mensajes, como su contenido y, sobre todo, su tono, dependen del objetivo del magnate en cada momento.
Trump opera a corto, pero con una visión a largo plazo. Es decir, quiere llegar a un acuerdo comercial con China, sí, pero no ahora. El objetivo número uno en este momento es que la Fed recorte tipos, pero a una velocidad mayor. Si los baja 50 puntos básicos en septiembre, mejor, no se conforma con un descenso de 25. Y, sobre todo, quiere asegurarse más descensos de tipos en próximas reuniones.
Mientras el mercado pide a gritos una rebaja de tensión en la guerra comercial, y recibiría con los brazos abiertos una nueva tregua -retrasando (ambos) su golpe de efecto en forma de aranceles-, ¿creen que este nuevo paréntesis en las relaciones EE.UU.-China podrían influir en la decisión de la Fed?
No me refiero al recorte de tipos en septiembre, que se descuenta que se produzca, sino en las próximas reuniones del organismo central estadounidense.
Mareando la perdiz y dejando que los aranceles entren en vigor la próxima semana, Trump podría presionar más a Powell. Aunque ya la “excusa” de que la Fed está poniendo la zancadilla a la economía estadounidense no serviría.
Dilema por tanto interesante. ¿Qué opinan?