La semana que viene marcará un punto clave para los inversores, ya que convergen una serie de eventos que podrían definir el comportamiento de los mercados en lo que queda del año. Uno de los focos principales será el sector financiero, que dará inicio a la temporada de resultados del tercer trimestre, con gigantes como JPMorgan (NYSE:JPM), Wells Fargo (NYSE:WFC), BlackRock (NYSE:BLK)y BNY Mellon presentando sus cifras el viernes 11 de octubre.
Aunque las expectativas de crecimiento de EPS para el sector financiero son bastante modestas, con solo un +1.8% previsto para este trimestre en comparación con el robusto +23.5% del mismo periodo en 2023, hay razones para ser cautelosamente optimistas. Históricamente, los grandes bancos han logrado sorprender positivamente, apoyados por la reducción de reservas de crédito, el crecimiento de los préstamos corporativos y un entorno de ventas inmobiliarias relativamente saludable. JPMorgan, Bank of America (NYSE:BAC) y Wells Fargo continúan siendo los jugadores clave, con perfiles de crédito sólidos y una actividad en los mercados de capitales que refuerza su estabilidad en un entorno económico desafiante.
Sin embargo, lo que realmente podría mover los mercados no será únicamente la presentación de resultados, sino los datos macroeconómicos que se avecinan. En concreto, el informe de inflación de septiembre (IPC) podría determinar el próximo movimiento de la Reserva Federal (Fed). El consenso prevé que la inflación subyacente se mantenga en torno al +3.2% interanual, pero cualquier desviación hacia arriba o hacia abajo tendrá implicaciones significativas.
Un informe de inflación más alto de lo esperado podría poner en jaque los planes de la Fed de recortar las tasas de interés en noviembre. La Fed, que ya enfrenta presión tras un informe de empleo sorprendentemente sólido, podría verse obligada a adoptar una postura más prudente, retrasando sus movimientos de alivio monetario.
Para los inversores, esto introduce una dinámica de volatilidad: un retraso en los recortes podría enfriar el optimismo del mercado, lo que podría traducirse en correcciones en los índices clave como el SP500.
Por otra parte, Goldman Sachs (NYSE:GS) acaba de revisar al alza su objetivo para el S&P 500 a 6000 puntos para fin de año, apoyándose en flujos de fondos estacionales y el patrón histórico de rally de fin de año. Si bien este pronóstico parece ambicioso, no es imposible. Con el índice actualmente cerca de los 5750 puntos, una subida impulsada por el optimismo de los inversores hacia el cierre del año no estaría fuera del alcance. Sin embargo, los inversores deben ser conscientes de que, con las valoraciones en máximos, el mercado está caminando sobre una cuerda floja. Cualquier dato desfavorable podría desencadenar una corrección rápida.
Es fundamental que los inversores adopten un enfoque equilibrado. Si bien las oportunidades en el sector financiero y en el S&P 500 siguen siendo atractivas, es necesario tener en cuenta los riesgos macroeconómicos subyacentes, como una posible inflación más alta o un cambio en la política de la Fed.
La clave estará en mantenerse informado y ser prudente con la toma de decisiones, especialmente cuando los mercados parecen optimistas pero vulnerables a cualquier cambio en los datos económicos o en el panorama de la política monetaria.
¿Crees que veremos esos 6000 puntos antes de finales de año?